Vengo de una charla en Pitillas. El pueblo es relativamente pequeño, con una media de edad muy alta, ente 65-85 dicen, y bastante despoblado en invierno.

Además es ya de noche, hace frío y ha empezado a lloviznar. La calle está desierta a nuestra llegada. Paz nos espera en la sala, sola, y somos reticentes para quitarnos los abrigos. Me sorprende el nutrido grupo de personas, que, poco a poco, se van acercando entre tímidas y curiosas. Sí, la media de los asistentes se acercará a los 65. Escuchan animosas y participativas, con espontaneidad.

Preguntan con sincera preocupación: “¿Podéis garantizarnos que no vais a hacer como los demás? Yo quiero el compromiso serio de que podemos confiar en vosotros”. Nos lo pregunta un pueblo castigado por un empadronamiento masivo y fraudulento, de luchas de poder que dan lugar a incineradoras y a plenos broncos y tumultuarios.
Por supuesto, respondimos. Cada uno de los que asistimos a Pitillas lo garantizamos con lo único que honestamente podemos comprometer: con nuestro convencido compromiso personal, con la exhibición del trabajo realizado en estos 4 años y con la convicción de que esa ética se ha demostrado desde el nacimiento de Nafarroa Bai. Sobre todo durante el periodo de incertidumbre que se abrió entre mayo y agosto, mientras Navarra aguantaba la respiración esperando que los que avergüenzan el concepto de socialismo desojaran la margarita de un futurible gobierno de progreso frente al mohoso continuismo conservador de la derecha menos ilustrada.

Para nosotros, día a día, dentro y fuera de campaña, siempre omnipresente, está la ética en política, nuestra Poliética. Quizás la más ambiciosa de nuestras apuestas. No sólo comprometerse a realizar la gestión de los asuntos públicos según las normas éticas, sino también buscar la manera de dar a cada ciudadano tanto el convencimiento, como las herramientas precisas para asumir que puede y debe participar, criticar, influir, conversar, dialogar; exigir de tú a tú a sus gobernantes, a sus políticos el cumplimiento de lo encomendado y el ser íntegros a la hora de hacerlo.

Hay que vencer el desánimo, combatir la creencia de que no merece la pena el esfuerzo. Recordar que la respuesta ciudadana no sólo influye sino que es determinante. Lo veremos el día 9 y condicionará la manera de actuar de cada grupo político. El poder está en mi/nuestro/vuestro voto.

Pero también en las actuaciones que a un lado y otro de la urna decidamos llevar. Votemos a la salud de la democracia, la pluralidad y la participación real en las instituciones. Yo lo haré por Nafarroa Bai. Porque para mí es hoy la única alternativa.
Para Pitillas.


Laura Alvarez de Eulate, tercera en la lista del Congreso. Abogada. 36 años.